Si usted abre cualquier libro de texto de economía básica, encontrará una premisa fundamental: Una economía fuerte hace que las personas sean optimistas y felices; una economía débil hace que las personas sean pesimistas y temerosas. Jamás le hablan acerca del estado de ánimo.
Categoría: Socionomía y Psicología de Masas | Tiempo de lectura: 5 min.
Si las empresas contratan y el PIB crece, sonreímos. Si hay recesión, entramos en pánico.
Parece sentido común, pero es estado de ánimo.
La Socionomía, sin embargo, toma esta idea de sentido común y la pone de cabeza. Basada en las observaciones del comportamiento fractal del mercado, la socionomía afirma exactamente lo contrario:
El estado de ánimo de la sociedad (optimismo o pesimismo) ocurre PRIMERO. La economía y los eventos son la CONSECUENCIA.

Piénselo desde la perspectiva de la toma de decisiones en su propia empresa.
Usted no decide invertir en una nueva arquitectura de servidores o en estudios de mercado porque la economía es buena hoy. Usted invierte porque su estado de ánimo de optimismo sobre el futuro es positivo.
Cuando miles de directores ejecutivos y millones de consumidores sienten ese mismo optimismo compartido, comienzan a gastar, a contratar y a tomar riesgos. ¿El resultado? La economía mejora.
Por el contrario, cuando el estado de ánimo se vuelve temeroso, una transición ocurre de forma natural y cíclica. En este estado de ánimo negativo, usted y sus pares deciden recortar presupuestos, pausar el licenciamiento de nuevo software y cancelar proyectos, incluso si los números actuales aún se ven bien. Esa acción colectiva basada en el miedo es lo que crea la recesión.

En Apolo Capital, cuando diseñamos soluciones informáticas integrales. Entregamos inteligencia de datos, estructuramos estas herramientas para que nuestros clientes puedan operar en el presente. Consecuentemente, anticipa el ciclo emocional que está por venir. Si sabemos que el “jefe” (el estado de ánimo social) está cambiando de optimismo a miedo, no le recomendaremos a nuestro cliente una campaña de expansión temeraria; le diseñaremos arquitecturas tecnológicas sólidas y estrategias de retención.
El estado de ánimo social es el jefe. La economía, las ganancias corporativas e incluso las decisiones políticas son simplemente los empleados ejecutando las órdenes de ese estado de ánimo.
Esta distinción no es un mero debate académico; es una ventaja competitiva brutal para las empresas que la entienden.

Medir el estado de ánimo de los consumidores suena vital, pero aquí hay un problema: no puede simplemente salir a la calle y preguntarles cómo se sienten. Ellos le mentirán (y ni siquiera sabrán que lo están haciendo). En nuestra próxima entrega, “Por qué las encuestas de mercado tradicionales le están mintiendo”, expondremos el fallo fatal de la investigación convencional y cómo la verdadera ciencia de datos resuelve el enigma.